Valeria odia las fotos encargadas, como las de pasaporte o las de boda, porque, en su opinión, son deshonestas. Ella busca caras honestas. Valeria asusta a los clientes con ellas, así que tiene que ganar su dinero como camarera. Comienza a tener dudas sobre sus propias fotos porque no son aceptadas. En el café, le ofrecen un trabajo con un fotógrafo de moda. A través de su relación con Valeria, Paul y Poupoune se dan cuenta de que sus proyecciones tienen poco que ver con la realidad.
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