George Geef se apresura a la oficina para informar a sus compañeros de trabajo: "¡Eh, chicos! ¡Soy padre!". Desafortunadamente, Geef más tarde aprende que, con la paternidad, viene la responsabilidad y mucha de ella. Debe disciplinar a su hijo cuando comienza a pelear con los niños vecinos, llenar su pipa con agua de jabón, y molestarlo mientras intenta leer el periódico. Pero lo más difícil de todo es hacer que recoja sus juguetes, lo cual no es una tarea fácil. Finalmente, se prepara para aplicar un cepillo para el pelo en la parte trasera del niño, pero es disuadido cuando ve a su hijo durmiendo pacíficamente. "Los niños, son maravillosos", concluye.
Sin disponibilidad de streaming, alquiler digital o salas en este momento.