Lucas tiene nueve años y El Pira ocho, aunque parece mayor, como todos los perros. En la inmensidad del campo, en las noches más oscuras, esperan. Un aleteo de alas a lo lejos, esa pequeña pelota de colores, un diente suelto, la cadena de la bicicleta, el lanzamiento del cohete de Astro, la luz del vapor en la piscina, la mirada de Bela, el zumo y las galletas. En el horizonte, las primeras luces. Lucas apaga la linterna con la que estaban jugando y se prepara. A veces, una historia de miedo también puede ser una historia de coraje.
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