La noticia de la muerte de Vladimir Ilich Lenin conmocionó a todo el mundo. Los trabajadores de Inglaterra y Francia, España y China, África y América se inclinaron en gran duelo. El 27 de enero de 1924 a las cuatro de la tarde, cuando en Moscú, en la Plaza Roja, el pueblo soviético enterraba a Lenin, en todo el trabajo se detuvo durante cinco minutos. Las fábricas y plantas se paralizaron, se detuvo el movimiento de trenes, barcos y coches. Ese día, un gran concesionario estadounidense debía cerrar un buen trato con un representante de uno de los países del Este. En el camino, el conductor chino detuvo su coche durante cinco minutos. Esos minutos decidieron el éxito del trato millonario. Pero ninguna persuasión, soborno ni amenaza pudo obligar al concesionario a que el conductor continuara conduciendo.
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