Frank es un hombre que cree haber perdido todo, hasta que su casa es destruida por un tornado. Luego, cuando acude a la compañía de seguros, le dicen que no pagarán porque el daño cae bajo la exclusión de "Acto de Dios" en su póliza. Sin nada que perder, decide demandar a Dios mismo por daños, nombrando a representantes de las religiones del mundo como demandados en el juicio. Lo que comienza como una actuación ridícula se convierte en una hermosa, divertida y emotiva odisea en la que redescubre que el amor en sí... requiere un salto de fe.
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