Los Ultras no son espectadores ordinarios de un partido de fútbol, sino seguidores que viven en un territorio sagrado para ellos: la Curva. Una especie de no-lugar que toma el concepto de estratificación social y lo subvierte durante noventa minutos: el médico está al lado del trabajador, el artesano hombro con hombro con el abogado o el fan "VIP". Hay quienes luchan por encontrar una identidad en la vida cotidiana y quienes, a pesar de tener una, quieren perderla al menos durante la duración de un partido. En esas gradas todos son iguales, todos hermanos, y juntos se convierten en una entidad autónoma dentro del estadio. Para ellos, ese sentido de pertenencia es un legado que se transmite de generación en generación, de padre a hijo.
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