Cuando el trabajador estudiante de instituto y gamer Zach Taylor consigue una codiciada beca para el prestigioso Instituto Digital de Diseño de Juegos (DIGD), su futuro se abre de par en par. La oportunidad de estudiar bajo la dirección de la leyenda de los videojuegos Marcus Bentton y junto a las mentes más creativas del país seguramente lo lanzará a una carrera exitosa como diseñador de videojuegos. Es decir, si puede aprobar el infame proyecto de primer curso que elimina a más de la mitad de la clase en los primeros tres meses.
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