El padre de la joven de diecisiete años Katinka es un gran admirador del comediante holandés Hans Teeuwen. La pequeña casa de la familia Vermeulen está llena de él: la televisión emite programas de Hans Teeuwen todo el día, hay pósters por todas partes y numerosos CDs y DVDs se exhiben por la habitación. El exceso de Teeuwen provoca miedos y delirios en Katinka. Ella tiene pesadillas en las que Hans Teeuwen se le revela: oye su voz con regularidad y piensa que lo ve aparecer de vez en cuando. Katinka le cuenta a su psiquiatra sobre su pesadilla en la que Hans Teeuwen viola a su osito de peluche mientras grita su nombre. El psiquiatra le aconseja que conozca a Teeuwen en la vida real, porque de esta manera puede ser capaz de ajustar la imagen que se ha creado ella misma.
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