Cuando por primera vez conocemos a los personajes de Golden Embers, son personas en transición. Una de ellas es una novia que espera que su hermano, un exadicto, pueda mantenerse sobrio lo suficiente como para acompañarla hasta el altar. El hermano es un drogadicto obsesionado sexualmente, desesperado por cualquier tipo de liberación psicosexual - y mucha de esa polvareda blanca loca. Encerrado en una habitación de hotel, inhalando cocaína libremente y reviviendo sus memorias sucias y muchas necesidades eróticas, poco a poco se va desmoronando. Pronto, estamos presenciando cambios de humor rampantes, alucinaciones asesinas y unas bodas más que equivocadas, con baile incluido.
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