En 2002, con motivo de la boda de su hermano, Dominique Cabrera comenzó a grabar la reunión y decidió continuar durante más de 10 años, tiempo que imprime sus marcas en su familia y "se convierte en la película" como ella lo expresa. A medio camino entre Agnès Varda y Alain Cavalier, Dominique Cabrera entrega una película sensible, tanto íntima como universal: "Hace diez años, mi hermano Bernard se casó por segunda vez. Todos fuimos a la boda en Boston, donde él vive. Parecía como si fuéramos cuatro pequeños niños de nuevo con nuestra mamá y papá. Llevé conmigo una pequeña cámara, que comencé a usar para filmar a nuestra familia. He seguido hasta hoy..."
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