A los 25 años, Hauge tuvo una experiencia con Dios que cambió tanto a él como a toda Noruega. A través de la predicación, la escritura y la publicación de sus propios libros, el inicio de negocios, contratando tanto a personas con discapacidades mentales como físicas, y exaltando a las mujeres como predicadoras y líderes empresariales. Hauge se mantuvo firme en su lucha por una Noruega que no se dejara influir por el Estado, lo que a su vez dio vida al póster del condenado para evitar que Hauge difundiera el mensaje de igualdad para todos. El precio fue alto, pero Hauge y sus sucesores dejaron huellas indelebles en la Noruega moderna.
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