Durante el verano de 1957, un hombre llamado Juan de Dios pasa una convalecencia en un hotel del campo. Siguiendo las prescripciones del médico, debe guardar un reposo absoluto, "ni un solo movimiento, ni un solo pensamiento". Tumbado en una hamaca, Juan de Dios debe resignarse a "hundirse en el aburrimiento, como un náufrago en el mar". Pero de repente se da cuenta de que la inmovilidad es algo imposible: Juan de Dios se siente abrumado por una multitud de sensaciones físicas, sonoras, ópticas y olfativas, que despiertan su espíritu. Después de tres horas de esta contemplación, anuncia su partida para el día siguiente. De regreso en Barcelona, Juan de Dios se entrega a las sensaciones de la ciudad.
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