Patrick, que ha padecido diabetes durante 25 años y es tratado con insulina, va perdiendo gradualmente la vista. Ha aceptado un tratamiento con láser como única alternativa a la ceguera total, un tratamiento que destruye casi toda la retina, dejando solo la visión central. Durante tres años, el director lo ha seguido en su vida diaria, caminando hacia la oscuridad, donde aprende día a día a tocar, escuchar, adivinar, sentir y resistir. La cámara reduce su campo de visión con el tiempo para "ver" como Patrick.
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