La documentalista Nina Davenport da la vuelta a las convenciones del viaje. Nos lleva a la India y nos abandona allí, dejándonos creer lo que vemos a través de sus ojos. Su película replica la experiencia de ser un viajero y, por tanto, un voyeur, de tomar en los paisajes sin necesariamente entender su significado. Davenport parece menos interesada en descifrar el enigma de la India que en saborearlo... Su hambre la hace descarada, como los niños ansiosos que encuentran el objetivo de su cámara lo siguiente mejor a los dulces.
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