El 5 de mayo de 2002, se emitió una conversación realizada por el entrevistador holandés Wim Kayzer y tres artistas holandeses: el coreógrafo y escritor Rudi van Dantzig (entonces de 68 años), el compositor y poeta Willem Wilmink (entonces de 65 años) y el ilustrador y narrador Marten Toonder (entonces de 90 años). Tres artistas que dejarían atrás un legado magnífico en términos de imaginación, poesía y danza. Pero también tres musas modestas: no solían y ciertamente no tocaban la trompeta con fuerza, mientras que su trabajo daba toda la razón para hacerlo. Wim Kayzer les había pedido que redactaran un testamento provisional. Un testamento sobre el amor, el sufrimiento, la sexualidad, la sociedad en la que envejecieron, su trabajo, sus sueños, su juventud, la Segunda Guerra Mundial, la liberación, la muerte y Dios.
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