Cuatro días antes de su boda, Howard William Hunter, de 24 años, tocó su último concierto como músico profesional. A partir de entonces, ya fuera como abogado corporativo exitoso, líder eclesiástico en el área de Los Ángeles o apóstol del Señor, la vida de Howard estuvo dedicada a servir a los demás. Su enfoque en el servicio del templo comenzó cuando era un joven obispo y continuó hasta su presidencia, mientras desafiaba a los miembros de la Iglesia a aumentar su dignidad y asistencia al templo. Su mandato como 14º Presidente de la Iglesia duró solo nueve meses, pero dejó un legado maravilloso que nos bendice hoy en día.
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