“Te suplico que me gustes”, sirve como testimonio de personas que se sintieron oprimidas por su imagen corporal al no cumplir con los criterios de belleza estándar, y demuestra cómo un lenguaje imprudente basado en la apariencia física de los demás puede volverse violento. Pretende lograr mucho más que simplemente afirmar lo obvio, que es que no estamos obligados a someternos a los ideales de belleza dictados por los medios de comunicación, el consumismo y la industria de la belleza. Las historias íntimas sobre la propia imagen corporal contadas por mujeres, hombres, personas con discapacidad y personas LGBT hacen evidente que cualquiera de nosotros podría acabar siendo víctima y perpetrador al mismo tiempo. ¿Y si esta icónica imagen corporal no es más que una falacia inalcanzable? ¿No es hora aún de discutir abiertamente la percepción convencional de la belleza y subir a la pasarela con nuestra verdadera apariencia!
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