Boris Petrovich, un modesto empleado de la oficina de registro, se dedica de manera desinteresada y creativa a su trabajo. Toda su vida desea a sus compatriotas salud, felicidad, buena suerte en días de celebraciones, les brinda consuelo en días de tristeza, pero sigue siendo un excéntrico amable para todos, dando muchos motivos para bromas y burlas. Pero tres veces seguidas sus malos deseos se cumplen, accidentalmente pronunciados por sus labios, y Boris Petrovich comienza a ser temido y respetado.
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