Tomek, el hijo de Marcel Lozinski, ya tiene dieciocho años. Hace exactamente doce años, cuando tenía seis, su padre lo filmó mientras visitaba un parque en Varsovia. Tomek solía detenerse al lado de algunas personas mayores sentadas en los bancos, y, con una franqueza infantil, les hacía preguntas sobre la alegría, la soledad, el miedo a la muerte, los sueños, el amor y la falta de amor. Ahora, después de doce años, en su cumpleaños, Tomek regresa al jardín de su infancia. Comenzará un encuentro mágico.
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