Esta velada de un solo acto es como una lujosa cena de tres platos, preparada por un maestro y prometiendo algo para todos los gustos. Desde 1952, el público de San Francisco no había tenido la rara oportunidad de disfrutar de esta obra única de la manera que su creador la concibió, en su totalidad y con un elenco ideal. Dirigida con inteligencia por James Robinson y conducida con una lírica arrebatadora por Patrick Summers. La soprano Patricia Racette, cuyos muchos triunfos en la Ópera de San Francisco incluyen su incisivo retrato de Cio-Cio San en Madama Butterfly, asumió los tres roles de soprano y emergió triunfante. En los tres diversos roles de soprano, Racette moduló la calidad y el tono de su sonido radiante y muscular según corresponda. El papel principal en Suor Angelica es el verdadero escaparate para la soprano, un ejercicio virtuoso tanto en el vocalismo elevado como en la especificidad emocional, y Racette se elevó superbamente al desafío.
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