El 29 de abril de 2006, un bote de veinte pies fue avistado en la costa sureste de Barbados. A bordo, los guardacostas encontraron once cuerpos, preservados y secados por el sol. El barco fantasma había estado a la deriva durante cuatro meses en el Océano Atlántico. La película presenta una narrativa inadecuada de una historia que se basa en fuentes de medios para evocar la complicidad del clima, las corrientes oceánicas y la violencia estatal en el viaje del barco. El desliz entre la película y las formas pone a prueba la medición de las tragedias relacionadas con los cruces y la inmigración, resaltando el poder del mar y el horror de la figura del barco fantasma.
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