Anna, una artista, está obsesionada con la invasión de dobles alienígenas empeñados en la destrucción total. Su esquizofrenia se refleja en las yuxtaposiciones de largas tomas de cámara de cine con montajes editados violentamente: espacios privados con espacios públicos; blanco y negro con color, fotografías fijas con video, sonidos ensordecedores con ángulos de cámara disruptivos. Anna utiliza su cuerpo como un mapa; después de una devastadora pelea con su amante, se pinta puntos de sutura rojos en sí misma. Al ver sus escenas juntos, nos damos cuenta de cuán rara vez, si es que antes alguna vez, se han mostrado los detalles de la intimidad sexual en el cine desde el punto de vista de una mujer. Los privilegios de exportación se rompen sobre la unidad y nunca se conforman con soluciones unidimensionales.
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