En 1968, Robert Kennedy fue asesinado justo después de ganar las primarias de California, lo que lo convirtió en el favorito en la carrera presidencial. Si hubiera llegado a la Casa Blanca, habría podido reabrir la investigación sobre la muerte de su hermano cinco años antes, y se sabe por numerosos testimonios que tenía la intención de hacerlo. Tampoco se han esclarecido la muerte de John ni la de Robert; ambas investigaciones, llevadas a cabo bajo la supervisión de Lyndon Johnson, son ampliamente consideradas como encubrimientos. En cada caso, la conclusión oficial está llena de contradicciones. Esta película las resume. Pero hace más: muestra que la clave para resolver ambos casos reside en el vínculo entre ellos. Y los resuelve más allá de toda duda razonable.
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