En una escena de Italian Dreams, vemos una vista de primer plano del rostro de Weems junto a los rostros de dos jóvenes mujeres negras. Acaricia sus rostros con suavidad; suena una banda sonora melódica inquietante. En otra secuencia, Weems —de nuevo vestida de negro, pero ahora con botas de combate— camina por la Cinecittà de Roma. Allí, conoce a un hombre blanco con traje. Él habla; ella escucha atentamente, luego lo envuelve en un abrazo y se involucra en un lento y semierótico movimiento. Pero él es torpe y rígido en sus brazos. Está claro que Weems tiene el poder en este intercambio; cambia el paradigma del seductor de masculino a femenino. Desde esta escena, ella sigue adelante, subiendo escaleras y vagando por corredores.
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