Mientras la mayoría de surfistas reza por buenas olas en Maui durante el invierno, solo unos pocos desean enfrentarse a los sobrecogedores muros de agua de más de nueve metros que ofrece Jaws, en la costa norte de la isla. Lejos del surf remolcado con motos de agua, este reducido grupo apuesta por una vía mucho más extrema: entrar a remo en una de las olas más grandes y peligrosas del planeta. Un desafío físico y mental que lleva el surf a un límite que, hasta hace pocos años, parecía sencillamente imposible.
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