Desde los derechos de los menores ante el tribunal de menores, jóvenes delincuentes de los barrios del este de París, o niños de origen argelino de los barrios marginales de Nanterre, hasta la defensa de los kanakos y polinesios colonizados; desde la lucha por el estatus de objetor de conciencia hasta la denuncia de la tortura y la pena de muerte, el abogado Jean-Jacques de Félice ha participado en todas las luchas. Su pacifismo no conoce límites: con organizaciones como Cimade, LDH y el Comité Louis-Lecoin, asiste a objetores de conciencia en numerosos países. Estos incluyen objetores de conciencia portugueses que se niegan a luchar en las guerras de Angola y Mozambique, desertores estadounidenses opuestos a la guerra de Vietnam y objetores israelíes que se niegan a servir en los Territorios Ocupados. No es de extrañar que, ya en 1971, fuera uno de los primeros abogados en representar a los granjeros del plateau de Larzac.
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