En esta película, Herbert fotografió el material original de 16mm cuadro a cuadro con una cámara de 35mm. En la pantalla, la sensualidad y la sexualidad, las asociaciones míticas y profanas, el movimiento y la quietud, el encuadre, la luz, el diafragma y la composición compiten por la supremacía. Vemos a un chico con una hermosa iluminación de contraluz, a la chica enrollándose en la luz del sol y experimentamos la inevitabilidad existencial y estética del contacto físico. Herbert nos permite compartir el acto de observar y pinta a sus modelos como un pintor de retratos.
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