Kinky Friedman y The Texas Jewboys. Mucho antes de que el Kinkster se convirtiera en un celebrado escritor de misterios en la ciudad de Nueva York, y mucho, mucho antes de que se convirtiera en candidato a gobernador del Gran Estado de Texas (gracias), hubo un Kinky que era cantante y compositor de música country en la década de 1970. Era un pionero, un verdadero precursor de la incorrección política puesta en música, y no había nadie como él en la escena musical de Austin (ni, por cierto, en el planeta). Allí estaba en el escenario de Austin City Limits el 11 de noviembre de 1975, con su mejor traje de lentejuelas y correa de guitarra forrada de piel, interpretando todo su catálogo de canciones con doble sentido. La banda nunca sonó mejor (ni se veía, bien, más extraña). El público amó cada giro líricamente diabólico. Solo había un problema. Dijeron que no podía ser emitido. Todavía hay algo de misterio sobre quién exactamente tomó la decisión de cancelar el show.
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