Marisol (Alejandra Herrera) se encuentra atrapada entre su primo posesivo y agresivo, Mauro (Eduardo Mendizábal), y su apasionado pero inerte amante, Mundo (Noé Hernández). La violencia es una presencia constante en su pueblo rural mexicano, con bandas y guerrilleros como presencia estable. Cuando Mundo tiene que huir, su conexión pasa de física a digital, incluso cuando Marisol es retenida por su primo. Su comunicación a través de mensajes de texto, correo de voz y video es esporádica y frustrante, pero es sin embargo una fuente de consuelo, y su anhelo sigue siendo intenso a pesar de la distancia. Cuando Mundo regresa, las apuestas para Marisol son aún más altas, y ya no se trata de si las cosas llegarán a un punto crítico, sino de cómo y cuándo. ¿Podría su deseo y desesperación jugar finalmente a su favor?
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