Toma un enano irascible cuyo apellido es Piccolo, con un gatillo fácil y una pasión desmedida por Pupo y sus canciones. Luego suma un policía encubierto cuyo apellido es Doll que ni siquiera se atreve a declararse a la mujer de la que está enamorado y hace el papel de duro disfrazado de pseudo-delincuente. Luego terminas con Silvano, un ex adicto a las drogas en crisis mística religiosa perpetua, que roba en apartamentos para sobrevivir, solo para dejar estampas religiosas para ser perdonado por el dolor causado.
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