Un año después del famoso llamado a la ayuda del Abbé Pierre el 1-2-1954, que expuso las terribles condiciones en las que millones de personas francesas apenas sobrevivían, nada había cambiado mucho. En 1955, la crisis de la vivienda era endémica y familias enteras se veían obligadas a vivir apiñadas en edificios ruinosos o en barrios marginales. Jean Dewever, indignado como el Abbé Pierre por tal situación infame, cogió su cámara y realizó este corto militante con la esperanza de alertar no solo al espectador medio, sino también a las autoridades competentes.
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