Para las comunidades mexicanas y mexicano-estadounidenses, el boxeo es más que un deporte. Desde las entradas al ring hasta los trajes, los oponentes aprovechan al máximo el espectáculo teatral, narrando sus historias y las de sus respectivas bases de fans. En 1996, Oscar De La Hoya, el carismático chico de oro de East L.A, desafió al legendario boxeador mexicano Julio César Chávez en lo que se promocionó como la pelea de la "gloria definitiva". Los mexicanos de ambos lados de la frontera se vieron obligados a elegir a su campeón favorito: el inmigrante con récords que provenía de humildes comienzos, o el olímpico más joven y comercializable nacido en Estados Unidos. Estos rivales sintieron la presión para demostrar su superioridad atlética, mientras que la elección de campeón por parte de los fans revelaba el tipo de mexicano que aspiraban a ser.
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