Marco Bellocchio habla en su entrevista con Joyce en 1994 sobre su actitud hacia la vida, desprovista de sueños e ilusiones, pero extremadamente activa, preguntándole cómo es posible transmitir las cosas extraordinarias que ha vivido. Su bolso de paja todavía cuelga de una puerta de su habitación, el cuco de la habitación, la mecedora de mimbre, sus peines de colores descansan en el baño cerca del espejo, las alfombras sardas, las flores que Angela siempre pone sobre la mesa de la cocina, las cañas que bailan con el viento. La casa de Joyce en Fermo, en la región de las Marcas, es una casa que respira vida, una vida muchas veces dramática pero también rica en poesía. El período de exilio con Emilio Lussu en París, las luchas de las mujeres en Cerdeña, las traducciones de poetas que escribieron "poesía útil", la que llega directamente, sin demasiadas palabras, al conocimiento de otras realidades y al sentimiento.