Comienza en una habitación: un joven en pijama se acuesta y duerme. Se agita, se vuelve, regresa. Está recuperándose, se sienta en su cama y una nube de humo sale de su cráneo, pierde un brazo, una pierna. Entra en un mundo de fantasía donde todos los objetos cobran vida. La almohada tragada pasa por su puerta, un reflejo del espejo se emancipa, el retrato de la mesa se rebela y canta su desesperación. Platos y utensilios se transforman en una fabulosa bestiaria donde dragones y rinocerontes luchan. Gags en cascada, narices-pies anacrónicos en acrobacias, malabarismos en el trapecio, canciones líricas bailadas, James Thiérrée pone la realidad patas arriba y nos lleva a una sinfonía surrealista y onírica interpretada por intérpretes con una energía deslumbrante.
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