Kellou, que tiene cuarenta años, vive en Bol, la capital de la provincia de Sahel. Es pescadora, una profesión transmitida de madre a hija. La aprendió de su madre. Pero desde hace unos años, el lago Tchad se está reduciendo y el pescado se ha vuelto raro. El trabajo de Kellou está amenazado. Un día, después de una captura infructuosa, su hija de 12 años, Mouna, le da una idea: recoger las bolsas de plástico que invaden el lago y hacer cuerdas con ellas para venderlas en el mercado. Con este simple gesto, Kellou logra, a su manera, luchar contra la contaminación por plástico y adaptarse a las nuevas condiciones provocadas por el cambio climático.
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