Rodada durante los últimos seis meses de las elecciones presidenciales de 2000, Phillip Seymour Hoffman comienza a documentar la campaña en las convenciones nacionales republicana y demócrata, pero pasa más tiempo fuera, en las protestas callejeras y las acciones policiales que en las convenciones orquestadas. Hoffman muestra un desprecio evidente por la política del dinero y la derecha conservadora. Parece más desaliñado y desilusionado a medida que avanza la campaña. Finalmente, Hoffman parece más energizado por la campaña de Ralph Nader como alternativa a los partidos principales casi indistinguibles. El punto culminante de la película son los comentarios de Barney Frank, quien dice que las marchas y las manifestaciones son en gran medida una pérdida de tiempo, y que los jugadores políticos realmente efectivos, como la NRA y la AARP, nunca se molestan con sentadas, ocupaciones, tiroteos o manifestaciones. En la entrevista con Jesse Jackson, Hoffman está demasiado nervioso para hacer todas sus preguntas.
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