A los cuarenta años, Antoine Lahoud sigue defendiendo a delincuentes menores que solo tienen derecho a asistencia legal. Todavía tiene una idea quijotesca de su misión, pero últimamente, sus magros ingresos y sus duras condiciones laborales han ido erosionando su idealismo. Así que, cuando Henry Marsac, un destacado (pero aparentemente corrupto) colega profesional, le ofrece trabajar en casos más importantes y lucrativos, acaba aceptando. No tiene ni idea de lo que Marsac está tramando...
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