Todos tenemos momentos en que queremos conservar ese pequeño espacio emocional para nosotros mismos, ya sea que estemos llenos de alegría, dicha, libertad, diversión y deleite, o confundidos, deprimidos, frustrados, culpables y melancólicos. Aunque la ciudad es tan grande y concurrida, a veces todavía podemos sentirnos perdidos y aislados, como perros vagabundos que deambulan por las esquinas. Ciertas emociones están escondidas profundamente dentro de nosotros y solo quien las experimenta sabe dónde duele el zapato.
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