Siguiendo los pasos de Benoît Poelvoorde y Philippe Geluck, comediantes, actores y otros cantantes belgas se han establecido en Francia en los últimos años, en los medios de comunicación y en el escenario. Pero, si los apreciamos hoy en día, esto no siempre fue el caso. En este documental, el director Olivier Monssens actúa como portavoz de sus compatriotas. A través de testimonios y deliciosas imágenes de archivo, regresa a la no tan lejana época en que nuestros vecinos eran considerados personas amigables pero un poco idiotas. La película es también una oportunidad para entender qué caracteriza al espíritu belga centrándose en algunas de sus facetas: el humor y su famosa variante local, la autocrítica, el cine y la música.
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