Una "película de lectura" de imagen y texto delirantes, Les chants de Maldoror toma su título e inspiración de la novela poética proto-Surrealista de 1869 del Conde de Lautréamont, que, por ejemplo, describe la belleza como el encuentro casual de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de operaciones. En los seis cantos de la novela, un joven misántropo se entrega a actos depravados y destructivos. Los encuentros inesperados abundan, con tortugas y pájaros que se unen al reparto habitual de Terayama de caracoles y perros para deambular sobre libros y torsos desnudos. Un procesamiento de vídeo febril posteriza, invierte y superpone imágenes que están aún más coloreadas por el sonido —lo que lleva al límite su adaptación literaria—. Terayama escribió que la única lápida que deseaba era sus palabras, pero, como demuestra Les chants de Maldoror, las palabras no necesitan estar confinadas a monumentos tallados o ejemplares encuadernados.
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