Gilbert ha sido dado de alta del hospital psiquiátrico, pero está claro que quien firmó el formulario era o irresponsable, o estúpido, o ingenuo. Todavía está completamente loco. El caos que provoca a su alrededor causa tanta violencia como él mismo, pero nada lo detiene en su búsqueda de llegar al océano. Suzanne nunca estuvo en un hospital para enfermos mentales, pero quizás debería haber estado. La energía que surge entre ellos conduce a aún más algarabía y muerte, pero nada, absolutamente nada, puede impedir que Gilbert vea el océano.
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