Había 23 jóvenes mujeres, de entre 18 y 20 años, realizando su servicio militar obligatorio en una unidad muy especial responsable de la vigilancia por video de la Franja de Gaza. En Israel, a estas jóvenes se les conoce como los ojos del estado. Antes del 7 de octubre, lo veían todo, lo entendían todo. Sonaron la alarma, pero nadie les escuchó. Fueron tanto las Casandras del asalto de Hamás como sus primeras víctimas. Hoy en día, las vigilantes supervivientes de la frontera de Gaza y los padres de aquellas que murieron se han dado una misión. Juntos, exigen justicia y verdad, y ponen de relieve las fallos en un sistema de seguridad que la sociedad israelí creía garantizado.
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