Cortada en seis partes, esta película de Rohmer nos da la oportunidad de descubrir una multitud de promesas que se hacen entre amigos (el famoso beso a la Capucine o el del conejo que, no el perro, te doy imágenes), anécdotas peludas sobre el Colin Maillard con niños pequeños, ejercicios verbales de alto vuelo como "Me encanta mi amante" de A., donde tienes que hacer malabarismos con el cerebro para encontrar palabras... En "a", el juego de la Mosca donde la pobre Alexandra Stewart se encuentra rodeada de actores a los que Rohmer tuvo que buscar en un hogar de jubilados, el juego de Reyes y Reinas adaptado del inevitable Juego de Robin y Marion de Adam de la Halle, que debería traer buenos recuerdos al amigo Gols (yo, que en mi época era un semidiós en francés antiguo, tuve que sacar una palabra de doce... todo está perdido, por Dios). O el mega bamboche del juego de las charadas con un Pascal Greggory bajo ácido.
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