Irán, 2008. Mientras el cortejo del presidente Mahmoud Ahmadinejad avanza lentamente por las abarrotadas calles del Santuario de Qom, miles de personas entregan cartas manuscritas a sus asistentes. Escuchar al presidente pronunciar un discurso es emocionante, pero más prometedor para estos hombres y mujeres es la esperanza de que sus cartas - que expresan peticiones de préstamos, atención médica, vivienda y empleo - sean atendidas. Desde su elección en 2005 con una plataforma populista, de "hombre del pueblo", Ahmadinejad ha animado a los iraníes a enviarle tales cartas; según un miembro de su personal, ha recibido alrededor de 10 millones de ellas, y ha podido responder a casi el 76 por ciento. En una de las cartas, un chico de 16 años dice que su familia no tiene dinero y se acuesta con hambre todas las noches. Según el miembro del personal, al chico se le ayudará. Mientras se leen otras cartas, el trabajador dice que "en el islam, la caridad es una necesidad".
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