El revuelo mediático no hizo ningún bien al campamento de Calais. Lejos de esos ecos, la preocupación de Christophe Clavert es regresar a los lugares - después, de otra manera. Comenzando con aclaraciones sobre cómo hacer las cosas. Así, a modo de preámbulo, el recordatorio escrupuloso y detallado de los acontecimientos y el contexto político y administrativo de la jungla en Calais en 2016, mientras que los lugares que evoca el cineasta se despliegan a través de secuencias lentas y metódicas. Se trata de la narración de la historia, de un tiempo a otro, y de las imágenes del régimen que se despliega, con sus magníficos dibujos tomados en ese momento, en contrapunto con los archivos fotográficos y de video. Una obra de hospitalidad, desprovista de luces excesivas o espectáculo, pero insistiendo en la memoria de la Historia, como nos recuerda la última anotación con una sequedad impactante.
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