La princesa Lolinka es tan bonita como una pintura, pero los pretendientes la evitan. Y tienen buenas razones: la princesa es caprichosa, quejica y se desmaya con facilidad. Justo cuando parece que el rey y su escriba Jakub tendrán que contarle interminablemente historias inventadas sobre pretendientes que les gustan mucho a Lolinka pero no pueden casarse con ella por diversas razones serias, la encantadora hechicera Otylka y su astuto asistente, haciéndose pasar por el príncipe Romulus, aparecen en escena. Sin embargo, los dos todavía no pueden ponerse de acuerdo sobre cómo dividir la recompensa real. Afortunadamente, discuten durante tanto tiempo que Lolinka recobra la sensatez y decide que Romulus no sería el novio adecuado para ella. No te preocupes, el mejor se encontrará en el momento adecuado...
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