En marzo de 2020, el presidente filipino Rodrigo Duterte impuso un estricto confinamiento en la capital, Manila, y alrededores. Para Lito, su familia y millones de otros habitantes de barrios pobres urbanos en toda la ciudad, un confinamiento estricto significa no tener trabajo. No tener trabajo significa no tener comida. Ciudadanos hambrientos salen a las calles en protesta. El presidente ordena a la policía y al ejército que disparen a cualquiera que cause problemas. Se imponen toques de queda y se realizan arrestos. La ayuda llega, pero no es suficiente. A medida que las restricciones continúan a lo largo de 2020, Lito navega por una lucha diaria para salvar a su familia, del hambre y la pandemia.
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