Marlon Brando es más conocido por sus películas de éxito y sus dos Oscars. Pero su conexión con la Polinesia Francesa, donde el actor vivió durante casi treinta años, sigue siendo en gran medida inexplorada. Para Brando, un personaje complejo y atormentado, conocido por ser inmanejable en los platos de rodaje y a veces incluso odioso, se escapó a lo largo de su vida a una pequeña isla escondida al final del mundo. Al establecerse en Tahití, Brando pensó que podría librarse de su angustia y corrupción. Pero la Polinesia, con sus paisajes paradisíacos, su forma de vida suave y su cultura distintiva, no era en realidad más que un espejismo de una existencia pacífica idealizada que la estrella nunca logró alcanzar.
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