Una leyenda que comienza con las palabras mágicas: "Había una vez". Había una vez una niña apodada Mimezrane por su belleza y especialmente por sus hermosas trenzas. Era hermosa pero tenía ojos tristemente melancólicos. Quedó huérfana a una edad muy temprana. Su novio y confidente era Hennouche, un travieso niño con grandes ojos negros. Juntos vivieron una infancia sin preocupaciones. Pasó el tiempo. Crecieron. Hennouche se convirtió en un pastor de cabras con una voz melodiosa; Mimezrane, por su parte, se convirtió en una lavandera y, ocasionalmente, en una portadora de agua. Ambos aceptaron su destino sin quejarse nunca. Aun así, incluso en su pobreza, Mimezrane era la más hermosa de todas.
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