En la pequeña localidad francesa de Arlés, el brillante artista Vincent van Gogh vivió su período estelar – con girasoles amarillos, una viña roja, mujeres y hombres arlesianos, todos transferidos a sus mágicas telas. Aquí, él, tan solitario como cualquiera, llamó a sus compañeros artistas, soñando con crear una Escuela del Sur, donde los artistas pudieran vivir y trabajar en armonía con la naturaleza y entre sí. Nadie respondió. Solo vino uno – el genio Paul Gauguin. Sin embargo, su relación se asemejaba en algunos aspectos a la famosa corrida de toros en Arlés. Y luego estaba el mistral – el frío viento del noroeste que sopla a lo largo de la costa mediterránea de Francia desde el otoño profundo hasta la primavera, trayendo consigo ansiedad e inquietud…
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